Autobombo y plagio en la red
En la primera edición de Filba, Cecilia Szperling, Alberto Fuguet (Chile), Tomasz Piatek (Polonia), con la moderación de Guillermo Piro participaron del panel “Autobombo y plagio en la red”. Un interesante encuentro en el que se abordaron la relacionan de la literatura y el periodismo con los blogs.
Publicamos aquí los momentos más salientes. (Para que ellos pueda autobombearse o plagiarse desde sus respectivos blogs).
Guillermo Piro: Buenas tardes a todos. Inevitablemente hay una postura intrínseca en relación a los blogs, digamos el hecho misma de su propia existencia. Aquellos que tienen un blog y lo defiende saben por qué y aquellos que no lo tienen también saben por qué no lo tienen y por qué no quieren tener uno. En cualquier caso, eso determina la existencia de ciertos argumentos que pueden ser debatidos.
En síntesis, la temática se centra en dos asuntos. Uno es el autobombo: la utilización del blog como plataforma de promoción, de autopromoción. Al mismo tiempo el plagio en la red, ese hábito antiquísimo que en la red probablemente tenga una especie de simplicidad técnica porque basta pintar un texto, copiar y pegarlo en otra parte.
Yo, particularmente, -esto lo vamos a discutir ahora- creo que la web en general promueve el análisis de ciertos problemas, si estamos de acuerdo con que por ejemplo los blogs tienen especial predilección por los problemas de cualquier tipo, pero al mismo tiempo promueven la generación de problemas inexistentes. Dudo de que efectivamente sea un problema la cuestión de plagio en la web, me parece más grave el plagio en el sentido antiguo, que se conocía antes de la existencia de la red. Hay una cierta exacerbación de su peligrosidad. Lo que se puede analizar es hasta qué punto la mecánica del plagio es tan tonta y su funcionamiento en la web puede llegar a ser irritante, cosa que me resulta muy aceptable.
¿Hace cuántos años que tenés el blogs?
Alberto Fuguet: No me acuerdo, pero seis o siete, como prehistoria para esta época. Me he dado cuenta que todos los clichés son verdad. Yo vengo llegando de Ecuador donde todos mis libros habían sido editados y la gente que estaba interesada en mi obra estaba muy al tanto de las cosas que hacían y me hacían preguntas. Yo avisaba ‘voy a tener una charla tal día tal hora’. Más que eso, lo uso, entre otras cosas, como mi propio medio de comunicación.
Guillermo Piro: ¿Para qué usas sobre todo tu blog? ¿Hacés comentarios diarios?
Alberto Fuguet: No, pero es como si uno quisiera tener un diario. Todo el mundo quisiera tener un diario. Yo creo que a los periodistas que trabajan en diarios les gustaría hacerlo. Uno siempre habla mal del editor; por ejemplo, es típico cosas muy banales, desde ‘el diario que yo escribo me lo cortan porque llevo un aviso, entonces yo publico mi edición uncut” hasta ‘a veces estoy muy intensado en escribir algo que a ningún diario le interesa publicar, lo escribo directamente ahí’. A veces, realmente, no quiero escribir nada pero tengo ganas de poner un mensaje. No creo que hago plagio pero cito algo, cuando leí algo y me gustó. Uno en un diario no puede decir ‘leí algo en La Nación y quiero publicarlo en Clarín’, se va todo a la mierda. Aquí es como ‘leí esto en New York Times, me parece interesante y me gustó’ o ‘estoy de acuerdo o no’ o ‘leí un tal libro’. Los diarios están bastantes prisioneros de sus grillas, como ‘me gustó un poema’ o ‘quiero poner una canción que escuché y dónde lo ponemos’; en cambio, en el blog yo puedo ponerlo donde quiera.
Cecilia Szperling: No sé si todos saben, “autobombo” es una etiqueta que se usa mucho. Tengo la tecnología pero la manejo muy primitivamente; o sea que todavía no pude poner esa etiqueta. Pero cuando uno leés un blog, ves que ponen “autobombo”, entonces me parece que muestra una idea un poco irónica. Uno dice ‘me estoy haciendo autopromoción, un autobombo’. Estoy de acuerdo con lo que él dice, que es un medio de comunicación. Es como esas radios de Bariloche, donde dicen “a la señora Pocha, le avisan que llegue porque se está enfriando la torta”. Es un grupo que se encuentra ahí y te vas pasando como noticias con muchísima libertad. Para los que trabajamos en el periodismo cultural, es como la libertad total. Yo pongo “hoy estoy en la mesa con tal y tal y un polaco que no me acuerdo bien el apellido”, no tengo que estar haciendo toda esa cosa de control de calidad. Entonces, es una libertad absoluta.
Referido al tema del autobombo, es como afinidades selectivas, quién me interesa, qué está haciendo. Hay como una especie de telenovela porque es diaria y entonces lo que pasa al otro día vos lo podés saber. En cambio, el suplemento cultural, que es semanal, es más como un unitario de calidad, como Mujeres Asesinas, tiene prueba de calidad. Y toca varios temas, vos lees algo y decís “Ay, Guille, leí algo tuyo pero no me acuerdo si era un policial”. Te viene el diario pero tenés que absorber un montón de información de un montón de gente que la da muy preparada, tiene esa exigencia editorial de incluir todas las referencias para no dejarte afuera. Finalmente personas como yo, quedan un poco afuera, es tal cantidad de información procesada que no la terminan de sacar. En cambio, algo que por ejemplo nos pasó en el ciclo que hago en el Rojas de Confesionario. Un episodio que terminó a las piñas, que es algo rarísimo para un centro cultural. Eso fue un martes y al otro día fue lo que se resolvió en la esfera blog. Los medios son como el archivo. Ahora que apareció el blog, los medios de comunicación pasan a ser como un archivo y las revistas literarias ya deben estar en Harvard y en las universidades americanas, son como a futuro. Me gusta mucho el blog que tiene como esa cosa trash de la novela y aparte no tiene prestigio. Como no tiene prestigio, nadie la está juzgando, me parece que el mismo lector de blog entra como muy relajado: ‘a ver contáme un chiste, no me cuentes, ya sé todo lo que pasó -si es una persona informada- o no lo sé peor no lo quiero saber, contame algún detalle que tenga gracia’.
Guillermo Piro: Tal es así que los blogs escritos con la retórica periodística son muy mal vistos.
Cecilia Szperling: Sí, yo por lo menos no entro, no los conozco a esos.
Alberto Fuguet: No vienen al caso, ¿para qué?
Guillermo Piro: Claro, esa retórica pertenece a los medios a los que vos decías, son como el archivo.
Cecilia Szperling: Es a futuro. Lo que me gusta de la novela es que tiene una narrativa. Los escritores estamos armando una especie de historia totalmente espontánea. Algunos capítulos quedan afuera, pero es itinerante narrativa.
Alberto Fuguet: Yo miro mucho los medios y a veces afano o sampleo, pero opino. En los medios no hay tantas opiniones. El otro día, estaba esperando un avión y llegó a la agencia “gana premio Nobel Le Clézio” y yo puse “¿quién mierda es?” Después me arrepentí pero ya estaba arriba del avión…
Guillermo Piro: ¿Por qué te arrepentiste?
Alberto Fuguet: Uno se olvida que hay mundo real. Uno en un diario serio no puede decirlo. Es como decir: y una vez más el Nobel se equivoca, felicitación a Estocolmo, Philip Roth debería estar orgulloso. No sé, cosas que en un diario jamás me permitirían escribir así. Si lo escribiera así, ya tendría que tener más estructura. Yo al final escribí cuatro líneas de rabia, de estupidez, de pasión.
Cecilia Szperling: Yo creo que el blog acepta mucho la ciclotimia y el cambio de opinión. Vos ponés What’s the fuck y de repente decís ‘ahora lo leí y la verdad que me encanta’ Está bien. Tiene esa fluidez de indefinición. El propio lector no va a tomar lo que vos decís como una sentencia. Si vos leés alguien en Clarín, en La Nación diciendo cosas como “tal está en contra del premio Nobel”, queda como una especie de statement, de posición. Me parece que la condición telenovela trash donde uno siente que no lo están leyendo. Por lo menos yo cuando escribo no pienso que me lee ningún intelectual, editor, me parece que ese no es el público. Eso te desinhibe completamente.
Guillermo Piro: Pasa algo raro. Me viene a cuento esta famosa frase “el medio es el mensaje”. Apenas le dieron el premio a Le Clézio, que me hizo muy feliz a mí sobre todo porque era la primera vez que ganaba el premio Nobel una persona que yo había leído mucho y además que me parece una buena persona. Cuando leí lo que habías puesto me causó gracia. Cuando leí lo mismo publicado por columnistas de diarios como La Nación, me ofendía; o sea que es una plataforma inocente. Yo sé de antemano que el blog permite que alguien que estaba esperando que el Nobel se lo llevara su amado Philip Roth, encuentra que se lo llevó otro que ni siquiera sabe quién es y pregunta quién carajo es este tipo. En cambio cuando aparece ya escrito y articulado con ciertas vecindades, con el contacto con ciertas otras notas, tiene otro acento muy distinto.
Cecilia Szperling: En el blog sos vos, sos una persona y das una opinión. Y una persona se puede equivocar, puede tener una buena opinión, puede hacer un chiste. Cuando entrás a tener una empresa atrás, sea Perfil, Clarín, Página/12, se te monta al hombro. Quieras o no, leés esa opinión de la persona que desprecia el premio y es una opinión que tiene una cosa institucional. Cuando colaboré en los medios jamás me vi así, pero ahora que no estoy colaborando con ningún medio y tengo mi medio privado, puedo ver que esa empresa se te monta al hombro aunque no quieras.
Guillermo Piro: Tomasz, la pregunta común es qué postura tenés en relación a los blogs que funcionan como una plataforma de autopromoción.
Tomasz Piatek: Voy a contar en detalle como fue. Eso llevará un poquito de tiempo pero lo lamento, tengo que contarlo todo de nuevo. Tuve un blog y lo tuve durante dos días. Después de dos días lo cerré. Participé en distintos foros literarios en Internet y dejé de hacerlo. Desde hace poco por completo dejé de participar porque hay un fenómeno que no sé de dónde sale, de dónde aparece o por la específica cultura polaca o porque en Polonia la Internet está mucho más desarrollada y es mucho más utilizada de lo que creo que sucede en Argentina. A causa de que en Polonia hay muchísima gente que vive en las afueras de las ciudades, no en ciudades grandes, la Internet es para ellos, después de la televisión –o más que la televisión– la fuente de información, diversión y contactos de negocios. Esto último es muy importante porque uno de cada cuatro polacos es hombre de negocios, cuentapropista o tiene alguna empresa por lo general en una escala muy pequeña. La cultura polaca es muy extremista y con frecuencia ese extremismo traspasa las fronteras de la lógica. Es muy fuerte la tradición cultural polaca romántica, católica, que al menos en las palabras, en la declaración, ama la pureza y el desinterés. Por otro lado, en Polonia, los últimos veinte años sobre todo, entre la gente ilustrada o erudita o que son empresarios se popularizó mucho la ideología neoliberal. Por eso en Polonia la misma persona, incluso en el mismo momento, considera que la autopromoción es absolutamente necesaria y todo el mundo debería promocionarse; y al mismo tiempo considera que la autopromoción es un terrible pecado por el cual alguien tendría que lapidar a quien lo hace. La situación en la que casi todos son empresarios o tratan de conseguir un trabajo hace que todo el mundo se autopromocione. Al mismo tiempo, se desprecia a todos los otros que se autopromocionan. En polaco hay un dicho que es “quiero tener placer, pero guardar la virtud”. Todo el mundo considera que cada quien es muy virtuoso mientras que todos los demás perdieron la virtud. Por eso, la autopromoción no es una mala palabra en Polonia, pero al mismo tiempo es una muy mala palabra acusatoria.
La situación en la que yo creo mi experiencia con el blog es que no tengo ninguna libertad en el blog porque cada cosa que publique está sometida de inmediato a una doble censura: en primer lugar, la censura del odio porque cada cosa que yo escribía tenío diez, veinte, treinta comentarios de puro insulto; en segundo lugar, está sometida a la censura del divertimento. La gente en Polonia trata a Internet como a la televisión. Si tengo un blog, entonces tengo que divertirlos. Y si no lo hago, no sirvo para nada. Entonces, recibo otros treinta comentarios llenos de odio, y si no es odio, por lo menos desprecio. La presión que la gente siente frente a los medios, la sed de estar en los medios, que se hable de mí para que yo me autopromocione es tanta que a cualquiera que trate decir algo sobre sí mismo hay que destruirlo. La destrucción de la competencia está vista como una santa obligación. La gente aprendió que la competencia es buena en la economía. Los convencieron de que sólo cuenta la economía y el dinero y que son la base de todas las otras cosas. Desde este punto de vista, la vieja ideología marxista y la ideología actual, neoliberal, están de acuerdo. Por eso, incluso en una conversación privada la gente permanentemente trata de ensordecer al otro y cuanto más en Internet donde los protege en anonimato. Para mí esa presión era tan fuerte que dejé de funcionar en Internet.
Guillermo Piro: Tomasz, la impresión que tengo cuando escucho de testimonios sobre la red, me hace acordar cuando uno empieza a manejar. Es decir: a todo el mundo cuando empieza a manejar se le para el auto en los semáforos en rojo y no consigue poner la primera o si pone primera, lo hace corcovear pero sigue adelante. El problema con el que se encuentra Tomasz de ser asediado por esta especie de banda de descerebrados que no hacen otra cosa más que insultar en los comentarios, por eso hemos pasado todos. ¿Por qué no se te ocurrió –te pregunto, Tomasz- algo tan sencillo como que fue lo que yo hice en mi blog, anular los comentarios?
Tomasz Piatek: Yo estoy en Internet, funciono desde hace ocho años. Y a través de siete años manipulé con mi presencia en Internet. Traté de evitar los comentarios malos, reírme de ellos, vencer a los enemigos. Después de ocho años, me harté porque aunque fuera muy eficiente, la permanente aparición de insultos dirigidos a mí todos los días, incluso si sólo yo los leo me dejan en el alma una huella repugnante. Estoy cansado, harto y creo que desde ese punto de vista, la Internet es tan inmoral como los reality shows. Porque muchas personas entran en eso creyendo ingenuamente que se van a autopromocionar, que va ser alguien piola para los demás. En realidad se transforma en un objetivo de una avalancha de bosta.
Guillermo Piro: Van a ver que ya hemos pronunciado la palabra “problema” más de una docena de veces. Sí, estoy en contra de lo que sería forumización, pero ¿por qué? Porque no creo que los comentarios sean esenciales al blog. Hay quien sí, que sin los comentarios su blog pierde vida y sentido, y porque no le resulta tan repugnante como me resulta a mí, tener todos los días casi con la misma periodicidad con la que se desayuna o se va al baño, tener que entrar al blog a hacer una limpieza étnica de comentarios insultantes o estúpidos para dejar finalmente los tres o cuatro que al menos si no son particularmente brillantes, están escritos por gente que se expresa con cierto respeto hacia los demás. Mucha gente cree que eso es esencial al blog, yo no sé por qué razón nunca sentí que fuera esencial. Sí creo que es esencial otra cosa sin lo cual un blog deja de ser blog que es la data, la fecha. Si ustedes se fijan, algo particular en cualquier tipo de blog, no importa su aspecto, es hay que es importante que haya un sistema de lectura único que es de arriba hacia abajo: lo más nuevo está arriba, lo más viejo está abajo y están separados por esta fecha.¿Cómo se comportan y cómo enfrentan el tema de los comentarios y de estos comentaristas belicosos, que hasta se le han puesto un nombre, en la web se los llama los trolls? Yo un poco más porteñamente los llamo “los boluditos”, ustedes lo llamarán “los huevones”. ¿Qué relación tenés vos particularmente con el tema comentarios?
Alberto Fuguet: Yo no tengo comentarios. Uno: por lo que quizás insinúa Tomasz. Yo vivo en Chile pero, en rigor, para mí Chile no es mi país digital. Mi país digital es claramente el español. Donde hay una persona que hable español, ahí estoy yo y siento que ahí hay Argentina, Bolivia, Canadá. Creo que hay muchas partes donde se habla español y deduzco a alguien que quisiera saber español o que sabe español de otras culturas.
Dos: Yo lo veo al revés. A mí me parece que es mucho más duro y fuerte el mundo de la tele y de los medios. A cada rato digo que no quiero aparecer en un diario porque me parece que la idea es ‘qué hace este boludo ahí en el periódico’ y es lo que opino. Cuando veo muchas veces a un actor de nuevo o políticos es como que están ahí invadiendo mi vida. Por ejemplo, yo no conozco tu blog pero ahora me dan ganas de ir, siento como que me has invitado. Siento que tiene que ver con una invitación. Tú no andas metiéndote en mi vida y yo no creo que ande metiéndome en la vida de ustedes. Ya creo que hay menos enemigos porque uno no anda obligando a la gente a leerte.
Tres: A mí me dan más vergüenza los comentarios positivos. ‘Me encanta lo que escribes’ y ¿qué puedes hacer con eso? Es mejor no tenerlos.
Cuatro: Este es mi lado conservador –supongo-, escribo libros y quiero hacer películas. Esos medios no son interactivos. La interacción funciona en la emoción que te produce en subrayar, en recordar una escena, pero no es inmediato. Por eso no los tengo. Y no me quita mucha energía. Es más bien como dices tú, es algo que es parte de mi rito no diario, pero sí semanal. Hoy posteé algo y me sentí mejor.
Cecilia Szperling: Yo tengo una historia en relación con los comments. Tenía un personal hater. Fue un momento terrible, incluso esa persona trabajaba en uno de los lugares donde yo trabajaba. En un momento pensé si tenía que llamar a un abogado, cómo medirlo legal y personalmente. Era una persona que un día podía aparecer con un cuchillo y me lo iba a clavar. ¿En dominio de quién estaba? ¿En manos de un psicópata o de una persona que yo no le caía bien y le gustaba contarlo? En ese momento, alguien me dijo por qué no ponía mediación de los comentarios. Ahí empecé a aprobar los comentarios con lo cual el que me odiaba ya no comentó más, porque no lo iba a saber todo el mundo. Era un odio exhibicionista.
Guillermo Piro: Es cierto lo que dice Tomasz, que aún cuando seas capaz de mediarlo, omitir el comentario para la lectura pública, el hecho simple de que vos lo leas, te molesta igual.
Cecilia Szperling: Entonces desaparecieron. Cuando puse el control no me llegaban. No eran para mí: eran para el público. Yo no era el público. Ahí entendí que era como un gesto estético de esa persona.
Un día tuve una experiencia de éxito en el blog, que fue proponer un chiste que era que para descubrir tu verdadera estrella porno que todos llevábamos adentro tenés que juntar el nombre de la primera mascota que tuviste con la primera calle en que viviste. Entonces, puse ese chiste y todo el mundo empezó a contestar y fue como un día de éxito y de diversión…
Guillermo Piro: Me acuerdo porque a mí me había quedado “Colita Humauaca”.
Cecilia Szperling: Fue un momento muy bueno. Muy gracioso. A partir de ahí alguien me puso “liberación de comentarios”. Y dije: ¿liberación de comentarios, que se autorregulen? Bueno, ya está, ya libero en ese momento. Esta es la narrativa de la historia, este que me odiaba cuando los moderé desapareció, seguía en su blog y cuando lo liberé directamente fue como que se reconvirtió y después quiso ser un amigo mío. Así que quizás lo que me pasó a mí es personal o si son como olas que cuando empezó Internet, esto que vos decís de manejar, empezaba el grupo de ‘saquemos el odio anónimo juntos’ y en un momento dijeron ‘bueno, ya está, vamos a otro lugar’. No sé si disminuyó en mi vida personal pero tengo la impresión que cuando en ese momento yo comentaba lo de mi personal hater y me comentaban ‘sí, a mí tal me puso tal’. Hace tiempo que no me pasa pero tampoco lo escucho. No sé si hubo un movimiento personal de que mi blog y un sector se autoarmó de otro modo, se autolimpió, fue por otro lugar o si es una cosa que en los blogs de Buenos Aires pasó, que fue algo común.
Guillermo Piro: Los blogs entraron aquí –no sé en Chile- dos años después. Hablo del auge, acá se empezaron a poner más en movimiento a partir del 2003. En realidad saben que los blogs nacieron con la web misma, con eso hackers que linkeaban sitios nuevos, allá cuando en los años noventas empezaron a aparecer páginas que eran detectables todavía. Hoy son infinitas porque se están haciendo centenares de páginas a cada segundo, algo descontrolado. Pero entonces lo que hacían era señalarse poniendo links simplemente, como quien linkea una noticia, ellos linkeaban páginas para que los demás las vieran. Como llegó aquí el auge dos o tres años después, yo creo que estamos atravesando esa etapa pre-anal. Yo me preguntó por qué en los blogs americanos, británicos (los que leo, no digo absolutamente todos), italianos no encuentro ese tipo de comentarios o son más raros. Llaman más la atención porque es más difícil que haya una seguidilla de distintas personas o una misma persona con distintos nombres asediando descontroladamente con injurias al que escribe. Supongo que eso pasa, que se va decantando y la propia gente se va aburriendo de hacer ese posteo. Dice ‘bueno, ya cumplí ese papel, ya lo hice’ y se convierte en una especie de comentador normal.
Entonces vamos al siguiente tema, que es el tema del plagio en la web. Yo quisiera que cada uno de nosotros, empezando ahora por Tomasz, cuente qué tipo de reacción tienen ante el descubrimiento de una pieza escrita por uno y copiada por otro.
Particularmente, –tampoco me ha sucedido tantas veces, pero me ha sucedido- lo tomo con una indiferencia pasmosa. No sé por qué. No me alegra, pero tampoco me vuelvo rabioso como noto que la vuelve a cierta gente. Hace poco buscando, recordaba un mini-relato atribuido a Clarice Lispector, estaba seguro que lo había mencionado en una nota de un diario que no está on-line por lo tanto era muy complicado detectarlo y necesitaba ese micro-relato, me resultaba mucho más práctico encontrarlo en la web que ponerme a revisar los libros de Clarece Lispector. Lo que hice fue poner una frase que sí recordaba con bastante exactitud. Encontré una nota de un periodista de Tucumán. Empiezo a leer la nota y me doy cuenta que había muchas coincidencias y que era parecida a la nota que yo había escrito en ese entonces. Hay gente que se asquea. Yo me siento indiferente cuando me encuentro en esos casos, ni siquiera le escribí a este sujeto preguntándole a qué estaba jugando. Pero la nota era casi –porque nunca encontré en original- muy parecida a la que yo había escrito.
Me interesa, por pura curiosidad, qué tipo de reacción tienen cuando se encuentran ante este tipo de coincidencias, que se pueden dar fuera de Internet, pero es mucho más fácil que las encontremos en Internet. De hecho el plagio existía ya fuera de Internet.
Tomasz Piatek: Son dos cosas diferentes para mí. Si se trata del plagio en periodismo, en Polonia está institucionalizado. En este momento, el 80% de los textos que aparecen en los medios, en la prensa o en Internet son textos no generados por los periodistas, sino por las empresas de relaciones públicas. Se puede decir que el 80% de los textos periodistas son cripto-propagandas, chivos. En esa situación yo, por ejemplo, viví el problema como escritor porque quería enterarme en Internet de algo sobre mi último libro. Escribo el título del libro en el buscador y encuentro que los periodistas publicaron quince críticas de mi libro. La editorial escribió dos críticas de promoción y en todos los portales de Internet, en las más diversas páginas de literatura, en las librerías de Internet, encuentro siempre los mismos 17 textos repetidos millones de veces. Con mucha frecuencia la gente ni siquiera publica la crítica del periodista, sino que publica el texto de promoción que les mandó la editorial.
Si algún texto periodístico mío hubiera sido repetido en Internet por alguien no lo podría advertir. Y si lo advirtiera, no me extrañaría. Indirectamente no pensaría en eso. Para mí el problema no es un plagio de algo mío, para mí el problema es el pensar en el estilo cortar-pegar porque eso me impide cualquier contacto con mis lectores. El blog tampoco me dio ese contacto pero, como ya dije, un blog exige que yo sea divertido o que piense igual que ellos.
Si se trata de plagio de literatura, en Polonia no hay muchos ejemplos de plagios que estén fuera de la ley. La ley polaca establece que el 70% del texto tiene que ser idéntico para que se pueda hablar de plagio. Eso se cumple sólo en los trabajos de tesis, no en la literatura. Pero en estos momentos, hay muchos copiones vulgares, gente que directamente roba ideas con todo desparpajo, roba estilo. En este momento, en Polonia consigue todos los premios, todos los laureles un escritor que directamente copia al escritor japonés Haruki Murakami. Y los críticos no le prestan atención a eso porque, por lo general, tienen demasiado trabajo como para ponerse a leer libros y no lo leyeron a Murakami. Y los libros de ese joven escritor tampoco los leen. Escriben las críticas en base al texto promocional que reciben de la editorial.
Alberto Fuguet: Para mí, no está mal. Yo creo que no plagio. No tengo idea si me han plagiado, nunca me he googleado para ver si me han plagiado. Yo tengo como fe de que aquel que lo haga, un excéntrico, y no sé si Dios lo castigará o tendrá algún problema de seguridad, lo superará pero yo creo que se hace samplear. Muchas veces cito alguna frase de alguien que me gusta con el nombre y el apellido. Siento que me enfrento a la red de una manera muy poco paranoica, me siento muy cómodo, pero deduzco que habrá gente que se porta mal ahí. Yo no me porto mal y confío que la gente que entra en mi blog no lo hace y si lo hiciera, tampoco creo que fuera un pecado tan tremendo porque no hay dinero circulando por la red. Si hay un crítico que hace eso, “maldición eterna a quien lea estas páginas”, como diría Puig.
Cecilia Szperling: Igual a lo que dice Alberto. No me importa nada el plagio, no es un tema. Sí creo que está pasando algo en torno a los derechos que es muy interesante. Sé que hay movimientos por ejemplo de tomar la televisión clandestinamente o de hacer download de películas y modificar los cuadros cambiando un poco la forma y la estética. Entonces, ahí sí hay muchas cosas para pensar. Pero mi idea es que todos se copien, todos se tomen, se influencien, no pasa nada. Las veces que he sufrido plagio nunca me importó y creo que lo único que te puede importar es que si hay como algo poco personal de la identidad. Hay una inteligencia del original y de lo genuino que yo la tengo y que la gente que a mí me gustaría que me lea o que me siga también la tiene. Si soportara un poco la oleada, como esto que me pasó con el personal hater, a ver si sentís que hay muchas cosas tuyas que las ves copiadas, cut & paste, repetidas y todo y aguantás ese momento de la ola japonesa grande, del tsunami que viene como este comentarista diciendo ‘bueno, ya se va a relajar’ y se va acomodar y no me va arrasar, un poquito aquí y un poquito allá no me parece que la ola te tire. Y si te tira, te levantás y no pasa nada.
Guillermo Piro: En cuanto a lo estrictamente literario, tengo la impresión que cuando uno encuentra un texto casi idéntico, por lo menos lo que siento es que le debe haber gustado mucho.
Cecilia Szperling: Yo he visto un cuento que escribí, idéntico, igual, pero lo tomé como un halago.
Guillermo Piro: Ni siquiera pensó que era necesario cambiarle algo.
Cecilia Szperling: Claro.
Alberto Fuguet: Lo hizo para quedar bien con sus amigos, tampoco es el negocio del siglo.
Guillermo Piro: Recuerdo el texto de un anarquista, Rafael Barrett, que en un momento a principios de siglo, cuando entrar en contacto con un texto plagiado de uno mismo, significaba un trabajo de inteligencia en el sentido de que no se podía encontrar en ninguna parte, alguien tenía que buscar algo, darse cuenta de que era parecido, dárselo a otro para que lo lea… Finalmente, llega a sus manos un texto de un español, de una revista cualquiera de tirada mínima, con un texto suyo pero firmado por otro y él escribe una carta tremendamente simpática, que yo creo que es la actitud que hay que tener frente a estos casos, donde todo el tiempo está diciendo irónicamente “somos genuinamente idénticos al punto que usted escribe exactamente lo que yo escribo.” Medio se reía y lo ponía en ridículo pero diciéndole “tenemos que conocernos, fuimos hecho el uno para el otro.”


