Nicole Krauss en Filba

Invitada a la primera edición de Filba, Nicole Krauss –autora de La historia del amor– participó de una entrevista pública a cargo de Juana Libedinsky. Un largo recorrido sobre la labor y la vocación de la escritora estadounidense: sus primeros poemas, las repercusiones de La historia del amor, sus próximos proyectos.

Publicamos aquí los momentos más salientes del encuentro.

Nicole Krauss

Juana Libedinsky: Bienvenida a Buenos Aires. Me dijiste que es una ciudad en la que has estado pensando toda tu vida y finalmente estás en Buenos Aires. ¿Cómo se siente?

Nicole Krauss: En primer lugar, quiero decir gracias por estar. Lamento profundamente no poder hablarles en español pero es de esperar que entiendan suficiente inglés para entenderme. No he visto nada de la ciudad, llegué ayer por la tarde. Así que sigue siendo una ciudad imaginaria por ahora, hasta que la sesión se termine y tenga la oportunidad de recorrerla. Creo que es algo fantástico esto que ocurre cuando uno se imagina una ciudad tan cabalmente y uno siente que la ciudad es parte del paisaje mental de cada uno y, finalmente, uno llega a visitarla. De inmediato, prácticamente, se entra en contacto con la ciudad real y la ciudad imaginaria casi desparece y queda totalmente reemplazada por la ciudad real. Por un momento, hay casi como una sensación triste de pérdida, la pérdida del lugar, ese lugar al que uno se aferró y en el que vivió hasta ese momento.

Juana Libedinsky: Bueno, estás en esta transición y antes de que empieces la depresión o antes de que la ciudad de verdad ocupe el lugar, ¿cómo es esta ciudad que te imaginaste?

Nicole Krauss: La ciudad de alguna forma para mí fue diseñada por algunos de sus escritores. Obviamente Borges: cuando era muy joven, una estudiante, una gran influencia en mí fue Borges. Así me imaginaba Buenos Aires, pensaba en Buenos Aires como de viejos escritores y viejas librerías con olor al libro viejo, una ciudad en la que el caos es parte del paisaje urbano. Como una persona de Estados Unidos no valoramos el caos, no como lo deberíamos hacer. Entonces, el caos es atractivo.

Juana Libedinsky: Mencionaste muchas veces esta atracción que has tenido por Borges. Me acuerdo de haber leído que tuviste una especie de epifanía cuando leíste Cien años de soledad de García Marquez. ¿Te acordás de ese primer encuentro que tuviste con Borges? ¿Se modeló de alguna forma tu narrativa?

Nicole Krauss: Debe haber sido el primer año de la universidad y tenía este maravilloso amigo que me introdujo a la escritura de los principales escritores de mi vida, entre ellos Borges. Creo que para mí una de las cosas que fue verdaderamente liberador de conocerlo fue darme cuenta que los escritores también podían ser objeto literario, que podían ser personaje, que uno podía escribir sobre el acto de la escritura. Para mí esto fue algo poderoso, la idea de la historia dentro de la historia, la obsesión casi con esta estructura dentro del trabajo. Borges de muchas formas, me presentó un camino, me permitió llegar, por ejemplo, a Roberto Bolaño. No sería el Bolaño que conozco sin Borges. Obviamente, todos los personajes de Bolaño son personajes que escriben a otros personajes, esto creo que es un tema viable y el hecho de serlo fue para mí sorprendente, algo sumamente interesante.

Juana Libedinsky: Cuando eras niña sé que leías todo lo que te llegaba a las manos y, cuando eras joven, tu mamá te dio un libro de Philip Roth y por más que estuviera fuera de tu edad, o no era la lectura típica, lo disfrutaste muchísimo. Contanos un poquito sobre tus primeras lecturas y también sobre tus primeros años de vida en cuanto a la imaginación. ¿Te acostumbrabas a jugar, a ser agentes de viajes?

Nicole Krauss: Sí, tenía este juego. Fui una niña muy solitaria y por lo tanto llena de imaginación porque cuando estás sola el único recurso es la imaginación. Este juego que jugué durante muchos años en la vida, mandar a la gente de viaje por el mundo, es el mismo juego que juego ahora. Como una escritora muy joven, empecé a escribir cuando tenía 14 o 15 años de edad y fue una forma de tener un espacio de claridad en la vida. Todo el mundo sabe lo que es ser joven. Uno no tiene control, no sólo sobre cómo te ven los demás sino sobre quién sos. Sos como alguien que vive de forma impulsiva. La escritura me dio, me parece, la posibilidad de inventarme a mí misma, la claridad de saber quién era y qué quería hacer. Me parece que es algo coherente, que se mantiene a través de todos estos años de aprendizaje. Sigo sintiendo que con mi trabajo tengo la posibilidad de ser la más creativa, la más inteligente, la más precisa, la persona más libre que pudiera haber, que creo que no es posible en la vida, sólo es posible en la escritura.

Juana Libedinsky: Empezaste como poetisa. Uno de tus primeros poemas en tu adolescencia era para un chico que te gustaba, le escribías a él y él te escribía poesía a vos. ¿Por qué no nos contás un poquito de esto? ¿Cómo empezaste con la poesía? ¿Cómo empezaste con La historia del amor, esta novela que todo el mundo está leyendo? ¿Cómo ha jugado para vos el amor en tu escritura?

Nicole Krauss: Cuando yo era joven este amigo que tuve fue mi público. Cualquiera que haya intentado escribir sabe que uno no quiere escribirle al vacío. Si uno no sabe que alguien lo va a leer, la actividad no tiene sentido. Al fin y al cabo la idea es que a uno lo entiendan, que a uno lo vean de una forma que no lo ven en la vida. Entonces, tener este amigo, con el cual casi tenía esta correspondencia, era como un público incorporado en mí. Esa relación de ida y vuelta entre el público y escritor, el escritor y el lector. Se transformó en una parte intrincada en mi vida y ahora que vengo escribiendo más de la mitad de vida, mi vida sería un desequilibrio total, perdería el control. La escritura me da equilibrio, la experiencia entra y después de esa experiencia caótica tengo la oportunidad de lograr un cierto orden y esto es sumamente importante, me da sentido, me da significación que de otro modo no la tendría.

Juana Libedinsky: Estudiaste Historia del Arte. ¿Cómo es la combinación entre Historia del Arte y literatura?¿El arte es una inspiración para vos?

Nicole Krauss: Sí, con seguridad los artistas han sido mis grandes influencias. Pero me parece que hay tantas obras de arte que me han dado la sensación, la experiencia que no encontré en ninguna otra parte de la vida y esta sensación de esta nueva emoción que te da la obra de arte es como una motivación para escribir. Hay una parte justamente en La historia del amor que habla sobre la invención de las emociones y cómo a medida que pasa el tiempo se agregan las nuevas emociones al mundo. Y este tipo de emociones, que al principio parecen inusuales o pocos familiares, uno las absorbe en la vida y se transforman en parte de nuestra descripción, de nosotros mismos y de quiénes somos en el mundo. Me parece que en parte el rol del arte –no totalmente- es darnos las sensación, la posibilidad de describir estos nuevos sentimientos o sensaciones y de encontrarle un lugar en la cultura.

Nicole Krauss

Juana Libedinsky: ¿Pensaste alguna vez en la posibilidad de expresarte no a través de la poesía, no a través de la ficción, sino más bien convertirte en una artista vos misma?

Nicole Krauss: Claro, igual que pienso que sería lindo ir a la luna pero no es posible. Una de las partes tristes de lo triste de ser escritora (me imagino que de cualquiera que es artista) es enfrentarse día a día con tus propias limitaciones y debilidades, pero fuera de eso tratar de hacer algo. Sabés que es imposible hacerlo y no podés volar en esta dirección y que tenés defectos como escritor pero a partir de esa debilidades encontrás tu propia fortaleza. Yo sé lo que puedo hacer, entonces estas cosas no las puedo hacer, pero esto lo puedo hacer. ¿Qué es eso que yo sé hacer, que sé escribir? Y ese es el tema con cada libro que empiezo.

Juana Libedinsky: ¿Cómo encontraste tu propia voz? Por ejemplo, tu transición de poetisa a escritora de ficción, ¿fue dura? ¿Cómo fue ese cambio en general?

Nicole Krauss: Quería escribir poesía y quería ser poetisa, eso lo quise desde los 15 o 16 años de edad. Si me hubieran dicho cuando estudiaba en la universidad que iba a terminar siendo novelista, hubiera sido una enorme desilusión, lo hubiera tomado como una especie de demérito, que había salido del estado de gracia y eso no podía suceder porque no tenía más remedio. Tenía 25 años y me encontré atrapada en la poesía. Por algún motivo, tal vez tiene que ver con esta idea de que la poesía puede ser perfecta. Uno sabe que la perfección es lograble, asequible en la poesía. Entonces, por eso me hizo a empezar a escalar y perdí la noción, la sensación de libertad, que creo que es el corazón mismo de la escritura. La sensación de que la escritura es el mayor ejercicio dentro de la libertad. Pasó a ser justo lo contrario, pasó a ser mi cárcel. Entonces, la pregunta era: “¿No quiero hacer otra cosa? ¿No quiero seguir escribiendo? ¿Cómo puede redefinir el significado? Por ahí si pruebo con otras formas. ¿Y cómo sería escribir una novela? ¿Qué pasa con escribir una novela?” Y bueno, empecé y de inmediato me sentí a gusto con esta forma. Aún hoy no hay nada como la novela perfecta, todo está lleno de defectos y cada vez que un escritor se pone a escribir una novela por definición uno está redefiniendo la forma, el formato. Es tan difícil dar una definición. Traten cada uno de ustedes definir novela, podemos dar ejemplos pero no logramos una descripción de la forma con tantas palabras. Esto es muy interesante. Me llena de entusiasmo el hecho de la imperfección. Uno empieza pero hay una imperfección y esto fue un alivio. Yo sentí que este es el lugar donde yo me siento bien.

Juana Libedinsky: ¿Te parece que existe algo así como el poema perfecto?

Nicole Krauss: Sí, en parte porque es tan pequeñito pero contiene la infinidad. Pero en términos de cómo esta escrito es una contención de espacio increíble. Entonces, hablamos de una estrofa, es una stanza. Es la palabra que en italiano designa “habitación”. Así yo me siento en una habitación; uno termina, cierra la puerta y se terminó para siempre. Auden dijo que sos un poeta cinco minutos después de terminar y después vos no sabés si vas a escribir otra poesía más. Si la poesía es como la habitación, la novela es como una casa; siempre hay algo roto, siempre hay algo para arreglar, la puerta que no anda o la estufa la cocina. Pero estás ahí, ahí vivís, ahí trabajás y es un lugar al que volvés cuando empieza y cuando termina el día.

Juana Libedinsky: ¿Qué novelas dirías vos son las que están más cerca de la perfección?

Nicole Krauss: Yo diría que es muy subjetivo. A mí me gustan las novelas que han sido más importantes para mí, más poderosas. Han sido importantes, por ejemplo, un libro de un escritor israelí llamado David Grossman –no sé si ustedes lo conocen– la novela se llama See under: love. Ese libro, realmente, me destrozó la cabeza. Por algún motivo fue el que borró todos los límites que yo tenía imaginativamente, ese libro me los sacó. Es un libro que a uno lo atrae. Todo el instinto que tiene el autor uno lo sigue, sigue todas las tangentes de él. En algunos casos, a lo mejor, puede fallar pero está tan bien escrito, es tan novedoso y pienso que esa es la razón de su éxito. Es un libro que uno quiere seguir leyendo. Creo que otro ejemplo de una novela, sería el último libro de Bolaño, 2666. Creo que también es una novela que abrió, quebró de una forma. Todo novelista que lo lea, se da cuenta que ya no puede más seguir las normas que antes seguía, uno tiene que volver a empezar de cero, de nada. Ese es el tipo que novelas que más me han afectado. No es que sean perfectas, pero como novelista realmente es así.

Juana Libedinsky: ¿Y estos libros que has leído han sido inspiración para vos? ¿Hay algún libro con el cual te hayas sentido inmediatamente identificada y querés empezar a escribir y te sentís llena de energía y querés empezar a trabajar inmediatamente? Y también quizás hayas leído otros libros que hayan tenido otros efectos totalmente opuestos, que te hagan desear que no podes escribir a ese nivel, ¿es así?

Nicole Krauss: Sí, realmente suena muy razonable. A menudo puede ser el mismo libro inclusive. Muy a menudo leo un libro que pienso que es fantástico y mi primera reacción es: por qué voy a intentar escribir como esto si hay un escritor así en el mundo, ya existe para qué voy a agregarle más algo a esta pila. Yo creo que cada uno debe escribir simplemente por el hecho de escribir. Para mí es como darme el gusto y pienso que muchas de las veces que yo he trabajado como escritora, como persona me estoy dando placer a mí misma. Por ahí yo podría ser mas útil haciendo cosas en el mundo que escribiendo porque no está muy claro el efecto que yo podría tener sobre la gente -si es que lo hubiera- y a lo mejor ese es el rol de la literatura. Pero después de esa sensación lo que queda es una especie de sensación de que algo me pica, de que necesito seguir esa ambición, ese deseo de crear algo. Así que pienso que estas dos sensaciones pueden convivir.

Juana Libedinsky: En un mundo loco como en el que vivimos, uno abre el diario y se siente inmediatamente deprimida. ¿Creés que hay un rol para la literatura?

Nicole Krauss: En cierta forma, creo que ahora necesitamos más de la literatura de lo que nunca podríamos haberla necesitado. Uno de los efectos más poderosos de la literatura es que nos enseña la compasión. No hay otra forma realmente – o por lo menos en mi experiencia- que nos permita ver directamente o vivir directamente dentro de la piel de otra persona, cómo se siente uno caminando dentro de esa persona. Cuando escribí mis primeras dos novelas estaba obsesionada con esta idea de si existe la forma de meterse directamente dentro de otra persona, si podemos negar nuestro propio ser. Yo supongo que es esa sensación que uno puede tener como escritor, ese poder increíble, pero es una frontera que es muy difícil de cruzar. La mejor respuesta es cuando uno es un lector y lee constantemente, pasa a incorporar a ese otro ser y a familiarizarse con esta otra persona. Es un ciclo totalmente humano y nos enseña a ser mejores con nuestro prójimo, cómo vivir mejor en un mundo donde las cosas no son así. Así que la idea de este mundo sería que cuanto mayor sea el rol de la literatura, idealmente el mundo sería mejor. Lamentablemente, las cosas no son así y no ocurre como en las novela

Juana Libedinsky: Pero tus novelas, tu primer novela y luego la segunda fueron éxito inmediato. Eras muy joven cuando las hiciste, ¿cómo se siente uno y cómo podés continuar con ese camino después de que has tenido éxito en el primero, he incluso más grande en el segundo? ¿Hay algún tipo de presión que sentís o simplemente lo estás gozando?

Nicole Krauss: No, no es ningún gozo, para nada. Es una forma de presión pero es más complicado que eso. Para ser totalmente sincera, yo creo que cuando más vieja me vuelvo, más segura estoy de mi trabajo y que no tiene ninguna relación eso con el éxito del trabajo en el mundo. Cuando más éxito tengo, más suspicaz me vuelvo y me pregunto si no debería esforzarme más y el trabajo se hace cada vez más imposible de lograr. Lo único que sé es que me ha desaparecido una cierta ambición en mi ser. Mi ambición era ser una escritora, pero en realidad ahora mi ambición es cada vez más escribir el libro para el cual estoy destinada, que sigue creciendo dentro de mí porque obviamente cada vez me vuelvo más crítica de mí misma.

Nicole Krauss

Juana Libedinsky: ¿Cuán controladora sos acerca de lo que escribís? Sabiendo que tus novelas van a ser trasformadas en una película, ¿cómo te sentís acerca de que tus propias palabras formen parte de un guión y que la interprete otra persona?

Nicole Krauss: Bueno, la película no salió todavía pero yo conozco la experiencia que decís muy bien porque la novela ya ha sido traducida a más de 35 idiomas. Para ser traducida a tantos idiomas, básicamente, estás dejando de lado el control, estás diciendo que las palabras que utilizaste no es que hayan sido perfectas porque, por necesidad del libro, se está escribiendo nuevamente en otro idioma, en otra cultura. Por ejemplo, esta novela, La historia del amor, habla de palabras idish o de ideas que están muy enraizadas en la cultura judía y luego fue traducida al coreano, entonces ¿cómo puede ser esa sensación convertida? Yo creo que es imposible y lo que espero es que haya algún elemento humano que atraviese esa barrea de la traducción. Yo creo en la traducción porque la mayor parte de los escritores que yo amo los he leído en traducciones. Así que simplemente no soy controladora para nada de ese sentido. Me doy cuenta de que el libro que escribí existe para siempre pero ya no es más mío. Ya se ha transformado en otra cosa en el mundo. Creo firmemente que el libro se torna cada vez más inteligente a medida que lo leen más personas porque esas personas le dan nuevas interpretaciones, lo llenan de nuevos conceptos que a lo mejor no son conceptos que yo concientemente les puse. Siempre me llama la atención que el libro es sí mismo, tiene un tipo de inteligencia propia que no tiene nada ver con el escritor y para mí eso es mucho más interesante y movilizante que cualquier cosa que se pudiera perder en la traducción al coreano o en alguna película.

Juana Libedinsky: ¿Y qué pasa con la investigación que hiciste antes de escribir los libros? ¿Cuán difícil fue hacerlo y cuán libre te sentiste en cuanto agarraste la lapicera o te sentaste frente a tu computadora? ¿Tenías una idea muy estricta de lo que querías hacer o te dejaste ir simplemente?

Nicole Krauss: En realidad yo escribo como ciega. Es la única forma en la que puedo escribir. Si tengo alguna idea de antemano del tipo de novela que voy a escribir, por favor espero que nunca me ocurra porque se me muere la idea inmediatamente. La escritura solamente vive en el momento en que yo estoy escribiendo porque me sorprendo, porque descubro. Por ejemplo, con La historia del amor, empecé simplemente con una voz que escuché sorprendentemente de un hombre al final de su vida. De pronto, esa situación de estar tan cerca de la muerte, de sentirse tan solo y de tener este enorme excedente de energía para expresarse pero sin poder contárselo a nadie, me hizo sentir muy compenetrada con eso y fue muy fácil para mí proyectar algo de mí misma dentro de esa vida o que él proyectara su vida en mí. Comencé con eso simplemente, seguí la sensación y era como escribir una partitura. Bueno, si soy un hombre viejo, ¿cuál sería un buen contrapunto en la vida de este hombre? ¿Cuál sería el personaje que podría responder a las preguntas que él ha formulado y viceversa? Así que escuché la voz de esta chica tan joven, Alma, y creo que prácticamente por un año no tenía la menor idea cómo iba a terminar la historia. El guión no existía, el libro estaba siendo escrito y yo no tenía idea cómo iba a terminar. Lo mismo me pasa ahora. Estoy en el medio de mi tercera novela y escribo como si estuviera en medio de una nube de desconocimiento porque es bastante doloroso, en realidad. Qué pasa -me pregunto- si no puedo terminar el libro, si mis personajes no se tejen, no hay un tejido que los encuentre, pero me doy cuenta de que existe siempre la forma

Juana Libedinsky: ¿Y cuán difícil es escribir desde el punto de vista de un hombre?

Nicole Krauss: No fue difícil para nada. En realidad, me pareció muy natural, pero yo creo que eso ocurrió porque a mí no me interesa crear un hombre real. Hay personajes que pueden entrar o salir de mi novela y uno podría decir “bueno, es un personaje convincente”. Si uno tiene personajes convincentes dentro de la novela o dentro de la vida está bien. Yo no creo que Leo necesariamente vaya a sobrevivir en el mundo, pero sí sobrevive en mis libros en parte porque no importa si es un hombre o no lo es, es simplemente el hecho de que sea una persona que ustedes como lectores y yo como escritora hemos podido encontrar. En cuanto a Alma, es imposible no leer el libro y pensar a Alma como una chiquita. Cero que ha sido un personaje muy difícil de escribir para mí justamente por este motivo. El hecho de entrar a escribir como de forma autobiográfica o hacer una especie de crónica de mi historia de vida inmediatamente a mí me detiene en mis pasos como escritora. Tengo que reinventar la voz de Alma, tuve que reinventarla muchas veces en el proceso de escribir el libro. Finalmente tuve que tirar enromes partes del libro y simplemente utilizar partes de su voz, aquellas acciones que yo pensé que funcionaban y les di a esas secciones títulos. Ahí sí comenzó a tener sentido para mí porque yo pienso que las jovencitas siempre dicen lo que piensan, tienen como una vida que, en realidad, está fuera de su control y tiene como una especie de lista de cómo ordenar ese mundo y organizarlo. A medida que yo escribía, ella estaba pasando a ser un personaje auténtico. Pero, yo como escritora soy muy sensitiva y cuando estoy escribiendo algo que a mí me suena falso, cuando me dejo llevar por el lenguaje y no por la autenticidad del personaje, la cosa falla. Necesito encontrar un personaje que tenga una unión perfecta entre la imaginación total, la aventura total y la autenticidad como personaje.

Juana Libedinsky: Ahora que escribís prosa, en cuanto a manejar las oraciones, ¿cuánto de poeta todavía vive adentro tuyo? ¿Pensaste que cuando empezaste como poeta, la cosa podía cambiar?

Nicole Krauss: No sé la respuesta a esa pregunta porque no me siento tan distinta escribiendo prosa o poesía. Soy la misma persona que escribía poemas antes. Escribo en forma distinta ahora pero creo que escribir poemas, la parte básica de poema, la noción de la metáfora no es tan diferente de lo que uno encuentra, o del objeto, de las sensaciones y sentimientos que encuentra en una prosa. Y la metáfora no está ni ahí ni allá sino en el medio. Creo que para mí esa ha sido la forma básica de escribir. Como dije antes, me gustaría encontrar personajes que encuentren un lugar exacto o ideas que a lo mejor parecen no tener relación entre sí pero encontramos la relación. Así que yo creo que en alguna forma profunda muy sutil el proceso sigue siendo el mismo para mí.

Juana Libedinsky: ¿Cuándo sabés que terminaste el libro?

Nicole Krauss: La verdad es que esa pregunta me la hacen mucho y no tengo respuesta. Es un misterio porque es muy claro cuando se termina. Se termina y se terminó. Es como que cuando escribo tengo esta sensación de cosa espacial. Entonces, ayer me preguntaron acá en Buenos Aires, por ejemplo, y es medio como si vos estuvieras construyendo una ciudad. Si construís una ciudad, primero hacés la plaza, una plaza central. Después, acá una avenida y un laberinto por acá; después un eco de otro laberinto por acá, unos lindos boulevares y un río. De pronto te das cuenta que la ciudad ya tiene un ritmo propio, que la ciudad tiene que vivir sola. Es así con el libro, así termina la novela. No escribo en forma lineal, escribo en términos de las páginas, en ese sentido de lineal. Pero en mi mente no parece un proceso lineal y tengo la sensación que cuando la rima se cerró, cuando la mitad tiene su otra media naranja, su pareja y la cosa se terminó.

Juana Libedinsky: ¿Tenés algún tipo de depresión posparto una vez terminado el libro?

Nicole Krauss: Entre la primera y segunda novela y entre la segunda y ahora mi tercera, tuve problemas difíciles, períodos. Me llevó mucho tiempo poder volver a escribir o tener idea de cómo reempezar. No es que terminar sea depresivo, sino que el período que sigue cuando ya no tengo adelante un libro en que trabajar, ahí estoy como perdida.

Juana Libedinsky: ¿Qué partes de La historia del amor te dieron más pelea, tuviste que trabajar más? ¿Y cuáles fueron más placenteras, puro placer para escribir?

Nicole Krauss: Me parece que fue lo de Leo lo más placentero para escribir. Algo sobre la música del idioma, algo que fue realmente gozoso. Podían ser muchas cosas las que me hacían reír. Parte de la escritura es justamente divertirse, entretenerse y, a veces, uno directamente saca esas cosas que nos hicieron reír porque te das cuenta de que no son tan buenas. Pero me di cuenta que este personaje me representaba un entretenimiento, me daba placer. Lo más difícil para mí fue tener esta sensación de la narrativa más amplia. Me llevó dos años escribir el libro y como a un año de la escritura me di cuenta que estaba el libro dentro del libro, que era la historia del amor, que sería el catalizador para que Leo y Alma se. Me llevó tiempo, eso fue difícil, fue una pelea.

Juana Libedinsky: ¡Qué lindo el título! ¿Supiste de movida que libro se llamaría La historia del amor?

Nicole Krauss: No, la verdad es que no estoy de acuerdo. No me parece que sea un buen título, parece tan romántico, como si hubiera escrito una novela romántica. Pero no lo puedo cambiar, para bien o para mal es ese. Es el libro dentro del libro. Las secciones que se llaman “La edad del silencio”, “La edad de vidrio”, esas las escribí antes que cualquier otra cosa. No todo, pero algunas de ellas ocurren y me gusta la idea de escribir estas acciones y después empecé el libro sin tener noción de esto. De repente, dije: ¿y si Leo fuera el autor de estas secciones? Si nohubiera escrito el libro como lo hice ahora y después hubiera tratado de escribir las secciones del libro dentro del libro, por ahí era demasiada presión.

Juana Libedinsky: ¿Y vos releés tu obra una vez publicada?

Nicole Krauss: Si puedo evitarlo… No he leído mi primera novela, no la abrí durante años y solamente La historia del amor cuando tengo que leer algo pero es difícil volver atrás.

Juana Libedinsky: ¿Qué tipo de cosas leés por placer? ¿Lees cosas que te dan vergüenza, por ejemplo?

Nicole Krauss: Nunca me preguntaron eso. No lo sé. Estoy tratando de encontrar algo sucio, no me daría vergüenza ni siquiera eso. Ojala te pudiera decir ‘me encantan los policiales baratos’, pero no es así. Tengo tan poco tiempo para leer que elijo muy cuidadosamente los libros que leo, los libros para los que me hago tiempo.

Juana Libedinsky: Contanos algo sobre tu próxima novela. ¿Necesitas saber, tener un marco temporal tal como decir como decir va a estar terminada, va a salir en tal y tal momento? ¿Cómo trabajás?

Nicole Krauss: Yo creo que hay un marco temporal para la editorial, pero yo no le doy bolilla. No tiene importancia. Yo trabajo tan rápido como puedo y eso es despacio. Pero esta novela está llevando más tiempo de lo que yo hubiera dicho. No sé, me encanta estar en la mitad de un libro, es la parte que más me llena de entusiasmo. Siento esa sensación que uno va caminando por el mundo y todo tiene la posibilidad de ser parte de la novela, todas las ideas, todo lo que uno escuchó, todo lo que uno lee en un libro puede encontrar lugar en esa novela. Hay un artista de Estados Unidos, Joseph Cornell. Me encanta. Murió hace mucho tiempo. Construyó estas cajas maravillosas que son muy enigmáticas y misteriosas para coleccionar cositas, pedacitos y las organizaba en estas raras cajas. Para mí las novelas son algo así. Se convierte eso en una forma que a uno le permite coleccionar cosas y encontrarles lugar. Me encanta estar en el medio, en la mitad, porque uno tiene la sensación de que tiene sentido la vida. La novela y mi trabajo permanentemente dialogan con mi vida y cuando termina, otra vez volver a empezar, encontrar una nueva caja y una nueva forma.

Juana Libedinsky: Porque de esa primera novela dijiste “cuando decidí escribir una novela, literalmente me senté y no me levanté hasta que piense en una novela ideal”.

Nicole Krauss: Sí, eso es lo que yo sugiero como proceso.

Juana Libedinsky: ¿Qué recomendás a los que aspiran ser escritores?

Nicole Krauss: Mi primera recomendación era que si hay alguna otra cosa que te gusta hacer, hacé lo otro. Si realmente sentís que no tenés opción y que es para lo que naciste, yo los aliento en todo lo posible, esta noción de siempre tratar de mantener la libertad contra lo que venga porque hay muchas formas en que la libertad como escritor, como persona están permanentemente bajo presión y es muy fácil tener como la consciencia propia, tener esta autoconciencia, sentir que uno tiene que trabajar de una forma en particular. Lo que me resulta tan interesante de la escritura es que todo los días puedo llegar a la computadora, puedo llegar a mi trabajo, puede ocurrir algo extraordinario y que solamente depende de mí, ser suficientemente observadora, estar alerta para pesquisar eso extraordinario que vivo. Pero hay muchos días aburridos que son una desilusión.

Juana Libedinsky: ¿Te parece que el escritor nace o se hace como con cursos universitarios, talleres de escritura creativa?

Nicole Krauss: Yo no hice ningún taller de escritura creativa, a mí se me dio. Así que no sé hasta qué punto creo o no creo ser producto de eso. Me imagino que si hay alguien que ya es escritor y encuentra al docente indicado… A mí no se me dio ese encontrar al docente. Pero bueno, esa persona si la encuentra puede serle útil, pero no estoy muy segura de la educación formal dentro de la literatura, la escritura. No sé si el escritor nace. No creo que sea tan fácil o lineal. Si fuera así, no sería tan difícil escribir. Todo el mundo tiene la experiencia de despertarse en la noche y tener esos pensamientos que parecen brillantes, geniales y que nadie los tuvo antes. La diferencia entre ser y no ser escritor es que el escritor sale de eso y lo escribe, lo escribe, lo escribe; el que no escribe, no lo hace. Entonces, es medio como un impulso y una voluntad que establece la diferencia, no necesariamente talento, visión o algo así.

Juana Libedinsky: ¿La lectura es la mejor forma de aprender a escribir?

Nicole Krauss: Absolutamente. En mi experiencia todo lo que sé de escribir lo sé por leer, por ser lectora y así lo sigo sintiendo, así es como sé cuál es la novela indicada y sé que tengo que escribir esa novela. Así va a seguir, eso es lo que pienso. Es reconfortante recurrir a otros escritores cuando uno siente que es el principio y que nada sabe, ver que los otros escritores lo pudieron hacerlo una y otra vez.

Juana Libedinsky: ¿Cuál es el error más común que cometen los escritores y que habría que evitar? Si es que tuvieras alguna recomendación para los escritores que aspiran a hacerlo dentro del público.

Nicole Krauss: Creo yo que es muy difícil diferenciar, distinguir esto que describí antes. Es difícil distinguir entre aquello que es totalmente auténtico, lo que sólo vos podés escribir y nadie más, entre escribir algo que puede ser bueno, maravilloso, que la lengua pude ser maravillosa pero es genuino para uno y eso de poder ser juez de uno mismo, de saber cuál es la narrativa auténtica, la historia auténtica. Esto es lo que es un verdadero desafío y este es un lugar donde nos podemos equivocar.

Juana Libedinsky: Un par de últimas preguntas. ¿Hay alguna novela que te hubiera encantado escribir? ¿Cuál sería esa en todo caso?

Nicole Krauss: Creo que las de Roberto Bolaño. No sé si hubiera tenido lo que se necesita pero creo que todos los libros que he leído me han dado esta envida, cómo sería tener el talento -me pregunto yo- que le permitió a esta gente escribir estas cosas. No hay absolutamente nada -pienso yo- que Bolaño no pudiera hacer si él quisiera. Es absolutamente fascinante todo lo que yo he leído y yo estaba diciendo justamente el tema de las limitaciones como escritor y tal vez es interesante esto. Para mí él es el tipo de escritor que no las tiene y eso crea la sensación que estás describiendo. Tengo que decir que hay tantos libros me han hecho sentir así. Cada vez que me gusta un libro, por supuesto me encantaría haber podido escribirlo yo.

Fotos: Alejandro Guyot.

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