Nicolas Buenaventura, Elisa Lucinda y Washington Cucurto participaron de la primera edición de Filba y compartieron la mesa “En voz alta” con la moderación de Silvina Friera.

La literatura, encerrada durante unos siglos en los libros y en la lectura silenciosa, tiene sus orígenes en la transmisión oral, el aire libre, la itinerancia y las amplias audiencias. En la actualidad la literatura también busca su conexión con la música, la actuación, la puesta en escena, el espectáculo. La palabra escrita reelabora su origen oral a partir de nuevas propuestas que integran ahora el lenguaje audiovisual. En Internet, proliferan los sitios que albergan grabaciones de poetas o escritores, videos de lecturas y entrevistas en vivo. En Europa y Estados Unidos, la cultura de las lecturas o readings atrae a autores, editores y público. El mercado del audiolibro, todavía incipiente en los países de habla hispana, es un fenómeno en los de habla inglesa. Se multiplican los recitales de poesía, los festivales de narración oral y de videopoesía, la puesta en escena de la performance literaria, los circuitos alternativos. ¿Qué representa la literatura oral en la actualidad? ¿Cuáles son sus recorridos favoritos, sus modalidades y cuáles las expectativas de sus autores o del público?
Elista Lucinda, Nicolás Buenaventura y Washington Cucurto debatieron estos temas en el panel En voz alta. Modera: Silvina Friera.
Silvina Friera: Para empezar quería preguntarles cuándo surge en cada uno de ustedes la necesidad de decir algo en voz alta.
Elisa Lucinda: Cuando nací, en el momento de mi nacimiento. Yo primero quiero pedirles a todos ustedes permiso para que yo trate de hablar en español. Digo español o argentino porque soy forastera acá, soy una invitada extranjera. Y pienso que no conozco nada que sea más maternal, más afectuoso que la lengua. Cuando todos viajan a Brasil, mi país, yo sé que a ustedes les encanta muchas veces escuchar el portugués. Voy a decir algunos de mis poemas de hoy en portugués, claro, pero quiero pedirles permiso para hablarles en español porque cuando recibo personas de otros países en mi casa siento que si hablan mi idioma es un inmenso amor para mí y eso representa algo muy afectuoso. Yo los ayudo cuando ellos lo necesitan.
Bueno, yo digo las poesías desde pequeña. No tengo una respuesta para darte, pero siempre en casa se cantó tanto la música como las historias, estaban siempre presentes, era el sonido de mi casa. Mi madre cantaba y yo me recuerdo siempre a mí misma como una niña cantando, como si estuviera adentro de un libro de historia porque las canciones siempre tienen escenas que las ilustran.
Washington Cucurto: Bueno, en realidad cuando uno se decide a hablar en voz alta, yo interpreto que hablar en voz alta puede ser muchas cosas en la vida, no precisamente recitar poemas, gritar o gesticular. Creo que hay muchas maneras de hacerse oír. La necesidad que uno tiene de expresar lo que le tocó vivir, lo que le contaron, lo que escuchó. Yo creo que en todo ese proceso que uno va viviendo, talvez una de las maneras más interesantes de hacerse oír en voz alta sería la música. Pero no todos tenemos habilidad para la música. Entonces, uno va encontrando en la vida su manera de hacerse oír. Cuando uno escribe, ya uno habla en voz alta porque eso representa un montón de cosas, significa que uno se encuentra con un lector, que de alguna manera la voz de uno la conocen, la comparte con los demás. En mi caso particular, yo empecé de alguna manera a hablar en voz alta o compartir con los otros un montón de cosas. El nexo que yo encontré es la literatura, los libros y mi inspirador fue la música y el mundo de la música popular, en mi caso la cumbia. Yo cuando descubro el mundo de la cumbia, el mundo de las bailantes, cómo la gente interpreta…
Elisa Lucinda:¿El mundo de la cumbia? ¿Qué es?
Washington Cucurto: Es un ritmo muy bonito. Medio como la samba podría ser en Brasil. Si querés un día vamos a bailar y te muestro. Es muy lindo. Está bueno que se conozca.
Elisa Lucinda: Vamos a bailar cumbia.
Washington Cucurto: Muy bien. Y bueno, ese mundo me inspiró a hablar en voz alta, a que se conozcan algunas cosas, a que se conozcan algunos grupos de cumbia, las personas que van a esos lugares, todos ese mundo que es muy lindo. Yo sentía que era un mundo que no estaba cantado o contado. Entornes, esa es mi inspiración que me llevó a mí escribir, a hablar o hacer algo en voz alta para compartir con los demás, que es el mundo de la música.
Nicolás Buenaventura: En el caso mío no me costaría decir que fue una elección. Yo crecí en una familia de cuenteros y cuenteras, los Buenaventuras en Cali. Mi abuelo contaba historias todo el tiempo, mi padre, mis tíos… Cuando se murió mi abuelo primero era el luto, el dolor, la tristeza, la casa se fue llenado de los amigos, los invitados, la gente que venía a saludar y a eso como a las dos de la madrugada, a las tres de la madrugada se fueron yendo los amigos y quedó solamente la familia y de pronto, así sin que nadie se lo propusiera, comenzaron a contar las historias de mi abuelo y todo el mundo fue pasando del dolor y del llanto a las carcajadas y eso se prolongó hasta mediodía del día siguiente contando las historias de mi abuelo. Y claro, toda reunión familiar era una reunión donde había muchísimas historias, muchísimos cuentos y el que no contaba, no existía y era como borrado, era como que desaparecía del ambiente, miraban a través de la pared que estaba al fondo, pero si uno no miraba no existía. La necesidad de existir estuvo relacionada con esa necesidad de empezar a contar y comencé a contar para comenzar a existir, a ser.
Silvina Friera: ¿Creen que la oralidad se está recuperando? Yo pensaba: teníamos casi 15 siglos donde el hábito era leer en voz alta. En la Antigüedad, los filósofos, Sócrates leía en voz alta. Tenemos, en realidad, siete siglos de cultura escrita y de una lectura que se volvió más solitaria y no en voz alta. Entonces me preguntaba: ¿creen que se está recuperando un poco la oralidad, que hay más interés en escuchar historias, en escuchar poemas, en escuchar la voz del otro?
Nicolás Buenaventura: Yo creo que no ha desparecido, yo creo que tenemos una impresión pero la oralidad es una necesidad humana, vital. Por ejemplo, se dice mucho que la televisión ha desplazado la palabra, que la televisión ha desplazada la oralidad, el libro o en fin, pero que pasa cuando el partido de fútbol terminó, ¿a qué se reúnen después? A tratar de arreglar el partido como no ocurrió, vuelven a hacer el partido verbalmente y se pasan casi más horas de lo que el partido duró. O la telenovela: terminó el capítulo y después la gente siente la necesidad de contar, de volver a armar la historia, los chismes tiene un valor importantísimo aún en nuestros tiempos. Yo creo que la oralidad es una necesidad absoluta, vital: somos porque hablamos y hablamos porque somos y hay una relación muy estrecha entre hablar y pensar. No hay pensamientos si no hay un discurso, un lenguaje, un hablar atrás. Creo que decir que ha desaparecido es como… Sí, ha desaparecido en ciertos ámbitos, pero seguramente en otros existe y de una manera enorme. Yo creo que si hoy decimos poemas, leemos poemas, contamos cuentos, relatamos historias no es porque nos lo hayamos inventado, sino porque hay una necesidad vital, absoluta de escuchar historias y que eso es inaplazable, impostergable y que no se puede vivir sin ello.
Elisa Lucinda: Es muy interesante lo que dijiste. Sin el cuento no existo, porque yo siempre pienso que todos tenemos una historia para contar, un arsenal de textos como personales, sobre cualquier obra, vivimos en realidad en una obra abierta y los personajes que no hablan, que no hacen nada, no existen ni en la trama real ni en la ficcional y mucho menos en la vida real. No tengo miedo de que la oralidad se acabe porque eso no es posible, agotaría al hombre, no se podría soportar. Lo que quiero decir sobre el diálogo es que estamos todos hablando de la palabra, preconizando la palabra y estoy diciendo esto porque me encanta estar acá intercambiando todas nuestras informaciones.
Washington Cucurto: A mí me parece que la gente ya no se relaciona. Me parece que ya el tema oral, ya es algo que está muy limitado en nuestra sociedad. Me parece que hay un problema serio de relaciones, un problema sociológico muy grande. Ustedes fíjense en Internet, la gente ya no se junta en los bares, tampoco hay tiempo, entonces la gente lo hace todo rápidamente, escriben en los blogs. Hay otro tipo de relaciones más rápidas relacionadas con la época. Pero yo creo que la oralidad tiene un montón de factores. Yo creo que la oralidad es una herramienta de algo más grande que es una relación entre los seres humanos y esa realidad se puede dar de distintas maneras. Incluso esto de Internet es una nueva forma de oralidad pero la oralidad no es hablar. La oralidad es que las personas se comuniquen, se relaciones. Yo creo que eso no sucede, creo que es una época trágica esta, creo que hay una gran crisis. Pese a ser la época de las comunicaciones hay una gran crisis de la comunicación. Incluso lo que él dice respecto al fútbol es una realidad, pero también son como círculos cerrados: el futbolero que sólo habla de fútbol.
Nicolás Buenaventura: No, no lo creo de esa manera….
Washington Cucurto: Está la influencia de los medios que posibilita que la gente no se comunique o que solamente se comunique en base a una agenda de temas, entonces.
Elisa Lucinda: Déjame que te pregunte: cuanto más blogs, cuanta más comunicación mundial, no tenemos más contadores, narradores… Nosotros todos somos las voces de muchas personas, ¿no te parece? Creo que si aumenta la capacidad de estas informaciones, para que estas informaciones puedan circular, porque yo puedo tener un periódico en mi casa la comunicación está en cualquier parte, nos llega a cualquier parte. Por lo menos es lo que pienso, pero creo que es algo muy bueno.
Nicolás Buenaventura: Para mí la oralidad sí tiene que ver con la palabras y sí tiene que ver con una, dos por lo menos y muchas personas hablando. Yo creo que la oralidad no tiene nada que ver con un texto escrito. Tiene que ver, claro pero no es la misma materia y creo que confundirlas -por lo menos tal como yo lo entiendo- implica que se mezclan fronteras que impiden entender la materia específica. Yo creo que la oralidad es por excelencia efímera. Es decir la oralidad muere en el momento en que alguien dejó de hablar y luego vuelve a renacer en otra palabra pero tiene esa característica que es maravillosa: que está viva puesto que puede morir. El libro escrito no está ni vivo ni muerto, está impreso ya no cambia y así se mantiene por los siglos de los siglos. Tiene otra materia, otras características. Lo impreso pertenece a otro mundo, lo oral tiene esa característica y es que ocurre mientras uno lo está diciendo y luego ya no ocurrió más, desapareció y es absolutamente efímero, eternamente efímero diría yo para usar una especie de paradoja. La oralidad dejó de existir en el silencio y el silencio hace parte de la oralidad. Es como la muerte hace parte de la vida de una manera absolutamente necesaria y le da sentido. Porque no hay nada en la página que se pueda parecer al silencio, no hay nada en Internet que se parezca al silencio, ni en el blog ni el punto final de un texto. El silencio es algo particular a la oralidad y pertenece al mundo de la oralidad y creo que tiene que ver con lo que decías con la música, la verdadera música es la que ocurre mientras uno la está oyendo, después sus registros de mil maneras, pero no es lo mismo ya es otra materia y la materia es absolutamente determinante en cada caso.
Silvina Friera: Cucurto planteó un tema que tiene que ver con la cuestión de las comunicaciones, Internet y en Internet también se pueden subir videos y aparece la palabra: recitales. Lucinda tiene en YouTube varios videos subidos. ¿Qué diferencias podés establecer entre el momento en que se produce tu performance, tu lectura, tu recital y lo que sucede con la comunicación vía Internet de esa oralidad? ¿Sería como una oralidad en diferido?
Elisa Lucinda: Mirá, me gusta. No lo sé decir. No soy una iniciada en la narración pero me comunico bien. Me gusta que se escriba. Nunca lo había pensado, nunca pensé que podría existir una carta en vivo. Me encantan las esquelas, los mensajitos… Yo debo todo a la palabra, estoy forrada de palabras. Cuando tenía 11 años mi madre me hizo estudiar declamación y entonces yo empecé a decir poesía desde niña en escena. Para mí la palabra es construcción identidad. Ya sea escrita u oral son dos hechos, dos hechos diferentes porque ya hay magia en la palabra dicha. Este es el poder de la palabra: por no poder poner un árbol acá digo “el árbol está acá” y eso es maravilloso, poderoso. Entonces, sólo para no perder el hilo de nuestra conversación quiero decirles que me parece que estamos yendo en la buena dirección a la palabra o el idioma que se usa en Internet que tiene un nombre, la “internetés” podría ser el nombre del idioma. Es un idioma que se adhiere, que se crea con un idioma para Internet. Pero me encanta que se hable de la palabra, que se encienda, palabras que se vean, palabras que son una forma de comunicación infinita. No me molesta, no me incomoda. Lo que sí me molesta, lo que sí me incomoda es que nosotros – yo estaba hablando con Nicolás hace un momento- aprisionemos a la palabra a una forma y a una música para los cuentos, una música para los poemas en todo el mundo. Los poemas de Borges, de Alfonsina Storni, de Vinícius de Moraes, no importa, están aprisionadas. Nadie puede soportar esta música eterna, es como una cantinela, esto me preocupa porque la palabra, la palabra con sus oraciones, con las estructuras del texto, con sus puntuaciones… Sus signos de puntuación son como una carretera y los signos de puntuación para mí son una especie de señales del camino no exactamente de la emoción que tiene que surgir sino son pistas para que uno pueda seguir y no caer adentro de un pantano. Hay tantas emociones dentro de las emociones mismas y yo pienso que no se respeta estas simples variaciones en un poema. Por ejemplo, si yo voy a poner un punto en el tercer verso ¿por qué tengo que interrumpir mi lectura, mi declamación, por qué el verso tiene un punto? Me gusta mucho porque es como si siempre empezara a decir y no tiene hilación, no se comprende, se interrumpe. Esto sorprendentemente es en lo que no se ocupan las escuelas. No se lee poesía en el salón de clases. Muchas veces los cuentistas y narradores no dicen o no leen poesías, cuentan sus cuentos como si todos fueran los mimos cuentos. Este mono-cuento es una melodía una, mono-melodía. Se parece a los tiempos de los periodistas de televisión: “anoche en la calle tal” con la misma puntuación. Se podría leer un poema así y que el amor que se vaya al diablo. Me parece que corremos un riesgo: el riesgo de que la palabra, lo que expone la palabra cuando uno elige un cuento un poema y dice “este poema es mió”, se está autorizando a que ese poema sea leído como un discurso tuyo. Es peligroso entrar realmente en el tejido, en la trama de las palabras y llegar a una exposición de nuestros sentimientos, de nuestros pensamientos, por eso me gusta mucho mucho hablar en voz alta. Exponer en voz alta, exponerme.
Silvina Friera: Me gustaría que contestaras estas preguntas respecto a las tecnologías porque de algún modo vos te había planteado como crítico al principio, ¿pero vos usás la red para colocar tus poemas, para leer también? ¿Cómo usás la red?
Washington Cucurto: Antes de responder, lo que quería aclarar era que me parece que en realidad la comunicación falla y hay problemas realmente entre las personas para comunicarse, pero acá mis amigos me tiraron abajo la teoría. Yo creo que es algo obvio que las personas no hablan entre ellas. Las personas cada vez hablan menos, es una realidad, se pude ver en la calle. Cuando ustedes suben al subte o al micro nadie habla con nadie. Las personas están muy metidas dentro de cada uno o no hay tiempo, es la época. Pero no vamos a seguir con este tema.
Con respecto a la pregunta de Internet me parece que -no es que lo critique- es un soporte interesante. Pero veo muy mal que estemos 8 horas diarias en Internet escribiendo en los blogs. Pero, bueno, es una herramienta más, pero tenemos que utilizarla de una manera nos sirva.
Nicolás Buenaventura: Yo estoy de acuerdo. Yo en el año 92 me fui a África a escuchar cuentos, a escuchar a los cuenteros populares tradicionales, conocer a los griots. Fui a Burkina Faso, Macaos, Costa de Marfil, en aldeas perdidas y llegué a Kita, que es la aldea donde está el vestíbulo sangrado de los griots. Entonces, había una reunión de griots y me recibieron; me senté ahí y comencé a decir de dónde venía; dije el nombre de mi padre, de mi abuelo, de mi bisabuelo, de mi tatarabuelo; fui nombrando y luego conté cómo había sido criado por un hombre negro que venía de la costa del Pacífico y me contaba cuentos de niños y les dije que ese hombre había establecido, había dado un punto de partida a mi iniciación y que yo quería continuar, que yo necesitaba ser iniciado en el arte de contar y en el arte de la palabra y entonces estuvieron hablando y luego alguien me traducía y me dijeron que sí, que les parecía muy bien y que iban a empezar pronto, que tenían que ver; y yo les dije bueno y que más o menos cuánto tiempo porque tenía que organizarme para quedarme allí; a no sé, eso un año, dos años, no sabemos; y claro yo tenía el billete de avión doblado en el bolsillo de atrás y me quedé allí poco tiempo, realmente muy poco. Un día me dijeron: usted tiene una enfermedad que es una enfermedad complicada, tiene la enfermedad de blanco y el blanco tiene el tiempo partido, el tiempo lo tiene roto; usted no dispone exactamente del tiempo que necesita para lo que usted pide y he ahí un problema entre lo que usted se propone y eso que es real. Nosotros hoy en día no tenemos tiempo. Es decir, el tiempo nos tiene y nos tiene absolutamente agarrados y estrangulados y hay poco tiempo para ir por la vida misma de estas grandes ciudades. La agenda está, existe algo que se llama agenda, que allá en esas comunidades es impensable, es absolutamente impensable y a mí me aterra porque ahora vivo en Paris.
Cuando vivía en Bogotá yo me daba una cita con un amigo en un café y yo no tenía ninguna cita detrás, yo sabía que la conversación con mi amigo podía prolongarse horas o podía resolverse en diez minutos y no había ningún problema. Pero ahora cuando me encuentro con alguien en Paris, sé que tiene en el miso café otra cita en la media hora que sigue y eso es como ir despachando y uno se siente que va despachando o que lo van despachando y ahí hay poco tiempo. Yo pienso que justamente, por eso digo que la oralidad tiene una materia y es una materia particular y que su materia son las palabras y que en la conversación van surgiendo una cantidad enorme de palabras y de ideas porque justamente hay un transcurrir, hay una manera de cómo se voltea la misma idea aquí lanzada por Washington y que aquí tomó un giro y aquí se volteo de otra manera y es toda esa circulación de palabras lo que va construyendo de pronto una idea que nace de allí, distintas por justamente esa circulación de palabras, pero eso no puede pasar lo mismo en otra materia Una materia particular, a eso es a lo que me refería. Pero estoy de acuerdo, para nada digo que hoy la gente habla tanto como antes. Eso es muy difícil, las estadísticas… Yo recuerdo cuando yo estaba en el colegio decían que antes la gente leía mucho y ahora vuelvo a un colegio y los profesores vuelven a decir que antes la gente leía mucho más, que se leía mucho en mis tiempo, me decían lo mismo y siempre eran los mismo 3 o 4 por cada clases los que leían
Washington Cucurto Sí
Silvina Friera: Vos introducís una variable, que me parece que es clave, que es el tema del tiempo. No tenemos tiempo para encontrarnos en un café para charlar, se pone al tiempo como excusa para no leer y también aparece algo que es muy curioso que es que tampoco hay tiempo para escuchar espectáculos. Una de las cosas más extendidas es que un espectáculo de narración oral o de poesía no tiene que durar más de una hora porque la gente se va. ¿Esto es tan así?
Elisa Lucinda: Podría no ser así. Hay dos cosas aquí. A veces tenemos mucho apuro. Esta noción de “tiempo del blanco” que vos contabas no sé si es así. En Brasil haríamos un sitio en blanco, está bueno sería una broma. Lo que pasa es que si yo te mando un mensaje hoy a la mañana y vos no me contestas hasta el mediodía, como. La noción de que los plazos están siempre demorados, de que todo tarda, está todo fuera de lugar. Yo pienso que quienes están aquí escuchando para participar de estar charla, quieren ser incluidos. Siempre el lector, el público, quiere estar incluido. Si yo estoy aquí y vos no me decís nada, no estamos haciendo nada entonces; me puedo ir y vos también. Sin esa relación no hay nada. No hay producción, no hay nada. Tiene que suceder algo. Tiene que ocurrir algo mágico. Es material, es físico este acontecimiento y eso puede durar tres horas. Si yo soy incluido, si estoy en una posición de experiencia, de esta experiencia del encuentro que no es sólo el encuentro entre parejas, que la experiencia del encuentro puede ser aturdidora. Por eso vamos a espectáculos y todo eso y decimos “ay, me mató” como si estuviera en un estado después de haber tenido sexo, algo maravilloso, una especie de éxtasis. Entonces, la palabra puede hacer esto; por eso mata y por eso también salva, es cierto.
Una vez escribí un poema que se llama “Madre Brasil del tiempo, un regalo del tiempo”. Lo escribí para responderles a los periodistas cuando me preguntaban: Elisa, ¿cuándo la poesía apareció en tu vida? Entonces yo decía desde chica, el poema dice así: “Desde chica la poesía existe en mi corazón, a través de su increíble mano escogió y se identificó con la oportunidad y con la profundidad de la ocasión. Como era un corazón todavía raso de niño, que se deja fácilmente llevar de la mano, sabía que allá había una pequeña superficie clara y que algún día sería un fondo misterioso. Desde niña la poesía me llama hacia el jardín, me secuestra mostrándome el crepúsculo, haciéndome ver dentro del paisaje enorme el sutil detalle de lo minúsculo. Me marca la figura de su fondo el retrato de su marco, de su moldura y me doy muy temprano la locura de amar las tardes con devoción. Tal vez por eso yo me entrelace, me abrace, me embarace, me agarre desesperadamente a los acontecimientos queriendo fijarlos en mí, porque sé que pasarán. La poesía que desde siempre, desde cuando yo todavía era analfabeta de las letras me hace escribir para traer el recuerdo de aquel instante, de ese modo hasta hoy ella me tienta y se volvió el medio, se volvió modo para que yo haga durar el durante, de estirar el mientras tanto de la vida y hace perdurar ese momento, en ese encuentro transverso como un llavero que traje de un paseo de una playa turística, una postal de un museo renacentista, una artesanía de una villa pequeña, una fotografía gótica de una arquitectura de convento, una tacita, un platito con la fecha y el nombre del estado de aquel sentimiento. Ay, eso es poesía, un souvenir moderno. Quiero decir un recuerdito moderno, un regalo eterno en el tiempo.”
Sí, ¿por qué dije eso? Lo que a mí me gusta hacer con mi poesía y con todo lo que otros poetas escriben, lo que a mí me gusta exponer es el discurso poético. No poner, dejarlo en su lugar de origen que para mí es lo cotidiano. Hay muchos cotidianos, no hay nada fuera del cotidiano, nada nada. Son diferentes cotidianos pero el cotidiano de la vida a eso me refiero, a la respiración, a esa oralidad que conversa, que charla para mí es la liberación de la palabra que a veces parece muerta en el papel.
Washington Cucurto: No le entiendo un pomo, pero está bueno igual. El tiempo….
Elisa Lucinda: Esperá un poquito, Silvina. Yo quiero dejar registrado que está Guillermo, un poeta maravilloso, es un brasileño, mi amigo querido, un aplauso.
Silvina Friera: Nicolás había planteado el tema del tiempo, que no hay tiempo para juntarse a charlar en un café y a raíz de eso también que se ha generalizado o extendido que no hay tiempo para escuchar, que una narración oral, un cuento, un espectáculo no puede durar más de 45 minutos, una hora. Entonces, yo preguntaba si estás de acuerdo con esta cuestión. ¿Cómo es el tema del tiempo entre el que habla y el que recibe, el que escucha?
Washington Cucurto: Yo realmente pienso que este país no es un país oral, salvo el teatro. Se puede ir a ver una obra de teatro, los titiriteros de parque Rivadavia, pero más allá de eso no veo como una tradición oral muy fuerte, muy marcada, en esta última época. No sé la gente del público, a lo mejor hay algún especialista que sabe un poco más, pero realmente no veo una tradición oral e incluso en buena parte de la literatura de los escritores tampoco conocí, salvo en algún caso aislado, autores que leyeran sus textos que no fuese de una manera teatral. No sé si más o menos respondí un poco,
Nicolás Buenaventura: Yo contaría al respecto algo que me ocurrió en una ocasión y que es como confesar una frustración, que es como confesar una derrota. Tenía que ir a un lugar, estaba haciendo una gira contando cuentos por Madagascar y tenia que hacer 14 días, 14 funciones, en 14 lugares distintos y en general en el último lugar la mayoría de la gente que invitan a hacer el circuito no alcanza a llegar porque en el camino le da alguna infección y la gente no llega. Pero como yo tenía una fauna colombiana bastante bien alimentada, llegué hasta el final, no me enfermé y cuando el encargado de la presentación se dio cuenta de que iba a llegar, él que estaba aburrido que cada año le cancelaran a última hora, él no había hecho mayor trabajo de información, no había hecho publicidad y entonces se fue de casa en casa, de escuela a escuela con un mapa mostrando dónde quedaba Colombia y dónde quedaba Madagascar. El hecho es que la sala estaba llena, repleta, me habían puesto un pequeño parapeto, que eran unas tablas. Era un salón abierto, no tenía camerino, no tenía nada y me pusieron una especie de parapeto. Yo salí, conté cuentos durante más o menos una hora, saludé y yo vi en ese momento que todos habían traído tapetes, se habían sentado encima de sus tapetes y traían como unos pequeños bultos, unos atados en telas. Yo miraba a la gente y cuando terminé de contar saludé, la gente aplaudió y fui y me metí detrás del parapeto y por las hendijas del parapeto yo miaba y la gente no se levantaba; todo el mundo seguía allí esperando. Entonces, bueno, yo salí, conté media hora más, terminé, la gente aplaudió y yo fui y me metí detrás del parapeto y nadie se levantaba, nadie se iba y yo decía “pero qué es lo que pasa”. Salí una tercera vez conté media hora más, saludé, la gente aplaudió y le dije al encargado “dígales que ya terminé y yo no entiendo, no sé qué es lo que pasa”. Entonces, el encargado salió y dijo “bueno, muchísimas gracias, feliz de haberlos recibido (todo eso en francés), muchas gracias” y la gente se fue levantando con una frustración y yo lo miraba y a mí me fue entrando allá como la sensación… Era terrible yo no sabía… Por la noche, más tarde, me invitaron a comer, a cenar a la casa de uno de los habitantes de ahí del lugar. Llegue a la casa y había mucha gente y de pronto vi que aquello que tenía atado en los envueltos lo habían puesto todo arriba de la mesa y era todo comida y estaba todo ahí encima de la mesa. Yo no comentaba nada al principio porque era como confesar la derrota absoluta, pero al cabo de un rato tuve que rendirme ante la situación y preguntar. Me acerqué a alguien y le dije “¿qué fue lo que pasó? ¿Mi francés es muy mediocre?”. “No, está bien”. “¿Está mal pronunciado, no me entendieron?” “No, no, se entiende muy bien” “¿Las historias ya las conocían?” “No, eran historias distintas. Estaban muy bien”. “¿Y entonces qué fue lo que pasó?”. “Lo que pasa es que aquí no se cuentan cuentos en esta época, aquí se cuentan cuentos en el invierno, se cuentan cuentos en otros épocas; además aquí cuando se cuentan cuentos son cuatro días seguidos, durante cuatro días los cuenteros cuentan cuentos y entonces uno lleva el tapete, uno lleva la comida y uno va ahí sentado dispuesto a escuchar cuentos durante cuatro días. Y usted contó dos horas y media a lo sumo y entonces nosotros estábamos preparados para escucharlo toda la noche porque nos mostraron dónde queda Colombia, dónde queda Madagascar y nosotros dijimos que si ese señor viene desde tan lejos, seguro que va a contar toda la noche y estábamos listos para ir a escucharlo toda la noche”. Yo me di cuenta de que había pasado al lado de una maravillosa oportunidad y que no me había enterado, no me había dado cuenta por tener mi cuento de blanco, por pensar que un espectáculo debe durar una hora cuarenta y cinco minutos, porque uno va con esa lógica y no tiene en cuenta al otro y no fui capaz en el momento de leer la circunstancias por analfabeto.
Silvina Friera:¿Te pasó algo así a vos, Washington o Elisa te pasó algo parecido con el público que te pedía más, que había un enganche de la gente, que la gente pretendía más que vos y vos no lo entendías?
Elisa Lucinda: A mí siempre me pasa algo. Ahora no me acuerdo de nada especial ni parecido a esa historia maravillosa que contó Nicolás. Pero yo hago en Brasil un espectáculo que se llama “Dejen de hablar mal de la rutina”, que traje a Buenos aires. Hace siete años que lo hago. Dura tres horas más o menos. Lo que me impresiona es que las personas van siete veces, diez veces, veinte veces. Entonces, a un hombre yo le pregunté cuántas veces vino a este espectáculo y él me dijo que veinte y le contesté “¡¿20 veces?! ¿Por qué? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué es lo que buscás?” “Me gusta venir los domingos y para mí funciona casi como una misa venir acá”. Me parece que hay un ritual rico muy semejante al teatro, es un teatro en vida que la palabra erige. Por eso no importa, tiene que sucederte algo, tiene que ocurrirte algo y entonces el tiempo deja de importar, es otro tiempo, es el contenido de ese tiempo, hay una vida ocurriendo allí entre aquellas paredes. También siempre pasa que las personas dicen “Elisa, pero esto no es poesía, no parece poesía”. Del mismo modo que lo que hace Nicolás, él nos cuenta cuentos mientras nos cuenta acerca de los cuentos, todo el tiempo hace eso. Somos su vida, es verdad pero ya escuchamos tres cuentos en este rato. ¿Eso qué es? Es que está inserto en la vida, está metido en la vida cuando se hace lo mismo profesionalmente como cuando él lo hace, no se puede perder esta verdad. Ese espacio, ese sitio de verdad es muy fácil cuando una forma de comunicación, no tiene éxito, cuanto tiene éxito tendemos repetirlas. Yo no tengo karma paciencia, estructura para escuchar la aburrida historia de su vida. Él es un pésimo contador de su propia historia.
Hay una escuela de Río de Janeiro, una escuela de poesía hablada. Yo no tengo nada cerrado, cada poema es un nuevo desafío, un nuevo camino, un nuevo mundo diferente es como una obra de teatro: hay personajes, escenario, todo. En esa escuela los alumnos, que son psiquiatras, abogados, estudiantes, djs, todo tipo de personas, van allí para aprender a recitar y hacemos recitales. No hay una construcción teórica, una teoría literaria, hacemos recitales que seduzcan a las personas nuevamente, que las llamen otra vez, que las atraiga hacia estas grandes sesiones de poesía, veladas de poesía, recitales de poesía. Un alumno que puede de 82 años, de 15, de 30, me dice: “Elisa, desde que estoy aquí parece que me escucho mejor; el texto de mi vida tiene mejor calidad.” Porque hay un texto y hay que mejorarlo para decirlo. Todo el tiempo la palabra es una firma.
Washington Cucurto: Más allá de algún insulto, de alguna agresión nunca me sucedió nada fuera de lo común. Tampoco he recitado tanto, tanta poesía, en alguna etapa de mi vida sí, pero por suerte nunca tuve ningún suceso extraño. En otros ámbito sí, pero mientras recito un poema no.
Silvina Friera: Queríamos de alguna manera como estamos ya acercándonos al final, a la hora, que nos vayan acercando las preguntas que quieran hacerle a cada uno de los panelistas. Creo que es cierto, que tiene razón que un panel sobre oralidad lo tiene que hacer oralmente.
Público: Yo simplemente quería decir que me ha parecido muy interesante el panel, pero creo que en caso de Washington, creo que no comprende, cuando dice que no hay tradición oral en la Argentina. Por ahí no hay la tradición que a él le gustaría que hubiera, pero nosotros, en el interior, en todas partes la oralidad existe. Hay una tradición oral. Por ahí todos esos textos orales no son aquellos que nos hubieran gustado a nosotros, que existen, pero la mayor parte de la Argentina, así como gran parte de América Latina, se comunica oralmente y construye su propia tradición oral
Nicolás Buenaventura: Yo creo que no hay lugar en el mundo donde no haya una tradición oral. No creo que exista ningún rincón. Creo que además la literatura latinoamericana ha bebido durante mucho tiempo de la tradición oral argentina de muchas maneras y también aquí extraordinarios escritores han tomado la tradición del mundo entero y le han dado una dimensión argentina en los dos sentidos. Pero por supuesto Martín Fierro para comenzar, Don Segundo Sombra es una tradición que para al menos nosotros ha sido fundamental. Los payadores que son tradiciones que hoy en día se dicen que no existen, yo creo que tiene otra dimensión distinta, lo que pasa es que tiene otra dimensión nuestras ciudades. ¿Qué hoy en día puede ser un acontecimiento en la ciudad de Buenos Aires? Esto que estamos nosotros aquí no es ningún acontecimiento, no puede tener el carácter de un acontecimiento dentro de la magnitud de cosas que ocurren en esta enorme ciudad. Es otra cosa en la aldea, el payador tenía un lugar central; hoy en día tiene un lugar mucho más modesto pero también hay que aceptar ese lugar mucho más modesto. Yo, personalmente, no tengo la más mínima esperanza de ambición de competir con una estrella de rock, con un gran concierto, es otra dimensión. La dimensión de los cuentos y tengo que confesar que cuando me toca contar en un lugar que es para 2000 personas, es difícil, los matices son menos evidentes y los matices son fundaménteles en este oficio. Son otras las dimensiones, pero estoy de acuerdo.
Público: Yo creo que Washington se refiere más a esto que vemos todos los días con respecto a que no es que la gente no se comunica, se comunica de otra manera. Yo viajo todos los días en colectivo o subte y todo el mundo está hablando con otro que no está ahí. Cero que esto también es una manera diferente, que tiene que ver con el momento, con el lugar y con la tecnología con que estamos padeciendo. pero creo que también hay que tenerla en cuenta
Washington Cucurto: También yo respeto. Por eso cuando hice el comentario sobre la tradición oral, por eso pregunté por alguien del público, por algún especialista, porque obviamente va a haber gente que sabe de esto. Pero el tema de la oralidad del Norte, por supuesto que hay gente que cuenta cuentos. Lo del Martín Fierro es indiscutible. Pero yo digo ahora, en esta época, qué influencia tiene la oralidad para nosotros. Lo que él dice a mí no me parece muy correcto en el sentido, que es ahora, que ahora nada importa, nada tiene ninguna influencia de nada. Esto no tiene ninguna influencia en la ciudad de Buenos Aires, pero hay cosas que sí: la carpa de docentes es algo que lleva muchas personas.
Con respeto a Internet al telefonito, al celular, también hay que mirarlo con pinzas. ¿Cuántas personas de este país tienen Internet? La Internet no llega a todos lados, ni todos tiene computadoras, y telefonito, vale 20 mangos la tarjeta de crédito. Entonces, yo estoy hablando a grandes rasgos y son cosas, pequeños detalles. Claro que hay oralidad en el norte, en el sur, en Bolivia en todos lados, pero ¿qué pasa con eso?
Público: Esto es para Elisa. Le quería decir porque ella decía recién si había sarao acá y creo que le dijeron que no, me aprecio escuchar. Acá hay, quizás tiene otro nombre. Yo pertenezco a la zona norte y en Acassuso hay uno, en Olivos tenemos otro en el cual nosotros pertenecemos al “Círculo de poetas de la Sociedad de Boulogne” y nos juntamos muchísima gente. Lo que pasa es que no tiene difusión. Nadie sabe de eso. En esos lugares donde acudimos nosotros, se leen los trabajos literarios de todas las personas, pertenezcan al círculo o no, personas que escriben. Y quería decirle también que en esos lugares hay gente, tanto en cuento como en poesía, que tiene unos trabajos extraordinarios. Hay mucha calidad en esos trabajos, pero nadie sabe de eso, no tiene difusión masiva. Nos enteramos de boca en boca, el que escribe va ahí y lee pero es como si estuviera oculto. Creo que en todas partes de la Argentina hay eso. Hay mucha gente con calidad literaria pero no está difundido. Eso quería decirle que están lo saraos, pero con otro nombre
Público: Gracias, quiero saludar a todos yo pienso que Cucurto dijo que estamos hablando de una sociedad letrada y Argentina tiene una tradición escrita fuerte. Cuando Cucurto habla de un precio, el libro es más caro que una tarjeta, cuesta más pero hay una diferencia entre lo escrito… En Brasil, en Río de Janeiro, nosotros conocemos, vivimos muchas cosas juntos. El problema es que el exceso de habla sin lectura acaba siendo una estructura narcisística donde las personas hablan y no es necesariamente malo, es malo talvez para la literatura porque si se habla y no se lee esto se puede llamar un habla, pero no un escrito porque el escrito no es oral y para escribir hay que tener un mínimo de conocimientos. Hay pueblos donde los pensamientos son reflejados en algo escrito y me parece que Elisa también tiene razón diciendo que es posible pasar más allá.
Nicolás Buenaventura: No tanto responde, quizás la palabra sea un poco como un eco de esa idea y de esa relación entre lo escrito y lo hablado y lo oral. Es algo que me contó un espectador que asistió a un espectáculo mió en México y me dijo que en el pueblo donde él había nacido, y donde había crecido, le había pasado algo muy especial. Su pueblo queda en la frontera con los Estados Unidos y él decía que allí las mujeres habían sido mucho más inteligentes que los hombres, como ocurre muy a menudo, pero que lo habían sido especialmente porque se habían ido mucho más rápido, se habían ido muy pronto y que el pueblo había quedado completamente abandonado. Un amigo de él un día había recibido una carta de la novia y lo llamó y le dijo “Diego, ¿podrías hacerme un favor? Es que mi novia que se fue a los Estados Unidos me acaba de escribir una carta y yo no se leer. ¿Me la podrías leer?” y Diego le dijo “claro, por supuesto, yo te la leo”. “OK, pero vamos a hacer un trato: yo te voy a tapar los oídos para que no te enteres de las intimidades.”
La escritura es otro proceso, es otra materia que puede ser absolutamente misteriosa. Nosotros vivimos, nacimos, crecimos con la escritura pero para alguien que no lee, la escritura puede ser algo profundamente misterioso y puede tener otras dimensiones mágicas porque justamente esa relación que nosotros la creemos inmediata no es para todo el mundo. Yo me acuerdo que en una ocasión vivía en una casa donde había un niño muy pequeño. Felipe empezaba apenas a hablar, tenía dos años y medio y a veces la mamá lo dejaba conmigo y yo escribía y entonces él venía y se sentaba en las piernas y se quedaba mirándome escribiendo y un día me escribió una carta. Claro, la carta era preciosa pero era imposible de leer, la carta era un garabato, era un dibujo. Entonces yo le dije “Felipe, me encantó el detalle, me encantó la carta, estoy feliz, pero ¿me la podrías leer? Él me dijo “no, yo la sé escribir, pero no la sé leer”.
Silvina Freira: A los tres les preguntan, cuál sería la diferencia entre hablar y leer en voz alta. Yo creo que también se deben estar refiriendo entre contar y leer. Hablar y leer en voz alta
Nicolás Buenaventura: Me sucede poco aquello de leer en voz alta. He leído en voz alta solamente en la intimidad, no en público, no me atrevería hacerlo porque he oído extraordinarios lectores y que tienen una capacidad para ello. Para mí son habilidades distintas, entrenamientos diferentes con el texto. Pero entre contar y leer yo creo que lo que hablamos un poco, que la palabra va aconteciendo. Así yo me sepa palabra a palabra el cuento que voy a contar, en el momento de contar tengo que olvidarlo. Ayer decía que yo ensayo mucho en cuento y lo ensayo muchísimas veces para olvidarlo completamente. En el momento en que yo me siento aquí a contar no puedo estar recordándolo, se lo tiene que saber mi boca, yo no puedo estar pensando cómo esa palabra va a ocurrir en el instante que sigue. No puedo estar pensando en darle la posibilidad de acontecer, de ocurrir y eso es propio del cuento contado, el hecho de que el cuento está allí en un soporte. Es otra la dimensión que hay que dar y me parece mucho más difícil. Me maravilla la gente que lee en público y que lee bien. Me parece extraordinario pero así como ese hombre que quería taparle los oídos al otro para que no oyera la intimidad, yo no sé muy bien el misterio que hay ahí y sin embargo me fascina.
Público: Otra pregunta para que la responda cualquiera. Es: ¿cuánta pérdida hay entre la oralidad espontánea cara a cara y esa misma oralidad reproducida en algún medio o atravesada por la industria cultural y convertida en mercancía?
Nicolás Buenaventura: Yo creo que la pregunta ya lleva la respuesta, ya tiene un peso de la misma respuesta. Yo creo que en la oralidad frente a frente explicaciones no sé dar muchas. Recientemente en Colombia hubo un movimiento indígena muy importante. Los indígenas en Colombia están organizados y están haciendo una resistencia muy importante y muy fuerte al presidente y al gobierno actual. Entonces, había una marcha muy grande de indígenas en el sur de Colombia y había la exigencia por parte de los indígenas de que el presidente se tenía que reunir con los dos mil indígenas que habían hecho la marcha y el presidente decía que no, que no había manera de reunirse con las 2000 personas, que le hicieran las preguntas y él en una pantalla les contestaba. Los indígenas le dijeron que no, que para hablar las cosas serias, importantes hay que poder mirarse a los ojos.